18 nov 2012

Confesión de librero

Publicado por Alberto


No lo ves. No ves que mis ojos siguen tu pista cada vez que cruzas el umbral de la librería. No ves que eres la protagonista para mí aunque haya otros personajes por aquí. No ves que eres la metáfora con la que se enriquecen los anaqueles a tu paso. No ves que eres Dulcinea, Melibea, doña Inés. No ves que mi pulso se acelera cuando en el clímax te acercas al mostrador donde paso las horas pensándote, en el único momento en el que mis dedos tienen el honor de rozar los tuyos. No ves que esos ciegos ojos llenan de vida a los lectores que con ellos se encuentran. No ves que quiero beber de tu argumento, leerte línea tras línea. No ves que la plantilla que es mi vida se difumina en tu presencia. No ves que, cuando la campana de la entrada tintinea, anhelo encontrarte e impregnarme de tu aroma afresado. No ves que por ti iría hasta la más apartada orilla para mejor respirar, que por ti caería desde cualquier tapia de Salamanca, que por ti cabalgaría rocinante contra los gigantes de viento. No lo ves.

Y es que tu mirada hace eso, mira, pero no ve. No ve, ni intuye nada de lo que el gris corazón de este ratón de librería sí siente. El futuro no es esperanzador. Tú, como los demás, cada vez vienes menos por aquí, y no creo que esta cárcel de papel aguante mucho más tiempo abierta. Me iré y trabajaré en otro lugar, no me importa, pero a ti, a ti no te volveré a ver nunca, aunque siempre te soñaré en negro sobre blanco.

Texto: Alberto (@AlbertoCdP)
Imagen: Mery (@merybrightside)

1 comentario:

  1. Se supone que yo había dejado el blog por falta de tiempo... entre otras cosas. Pero, desde que estáis vosotros dos, paso más tiempo por aquí, incluso, que cuando escribía yo. Sois increibles. De corazón, de uno que también "cae desde las tapias de Salamanca".

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